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Programa de Navidad 2022

 

PIOTR I. TCHAIKOVSKY                       Marcha Eslava

10’

JUVENTINO ROSAS                                 Vals “Sobre las olas”

6’

PIOTR I. TCHAIKOVSKY                       “El cascanueces”, suite

25’

 

Duración de la primera parte: 41 minutos

INTERMEDIO

 

GERARDO MATOS RODRÍGUEZ         La Cumparsita (arr. Jorge Arturo Castillo)

4’

 

JOHANN STRAUSS, Jr.                            Vals “El Danubio azul”

10’

 

PIOTR I. TCHAIKOVSKY                       Vals de “La bella durmiente”

4’

 

ZEQUINHA DE ABREU                           Tico-Tico

4’

 

JOHANN STRAUSS Jr.                             Polka “Truenos y relámpagos”

4’

 

MAURICE RAVEL                                    “Bolero”

10’

 

 

Duración de la segunda parte: 36 minutos

 

 

DIEGO NASER

Director invitado

Reciente director Musical y Artístico de la reconocida Orquesta Sinfónica Nacional de Uruguay (SODRE), y director Invitado Residente de la Orquesta Sinfónica de las Américas para la Temporada 2020, el maestro Naser es considerado uno de los más destacados directores de orquesta latinoamericanos de su generación.

Ha dirigido grandes producciones de ballet y ópera como “La Consagración de la primavera”, “El carnaval de los animales”, “Pedro y el lobo”, “El Quijote del Plata”, “Carmina Burana”, “Las sílfides”, el estreno en España –luego de 220 años– de la ópera perdida de Fernando Sor “Telémaco nell’ Isola di Calipso”, así como “Madama Butterfly”, además de conciertos sinfónicos en México, Luxemburgo, Brasil, Chile, Uruguay, Panamá, Austria, Portugal, Perú, Argentina, Colombia, Venezuela y España, entre otros países.

Con la Sinfónica Nacional de Uruguay (SODRE) ha logrado temporadas históricas, colaborando con artistas como Pinchas Zukerman, Amanda Forsyth, Gustavo Núñez, Norma Aleandro, Francesca Dego, Carlo Ventre y Michael Barenboim, entre otros.

Su grabación de nuevas piezas para guitarra del compositor italiano Simone Iannarelli, dirigiendo a la Orquesta Sinfo?nica de Murcia junto a Alex Garrobe?, fue aclamada en Espan?a.

Naser fue violista en elencos como Filarmo?nica de Kiel, Camerata de Hamburgo, Orquesta de la NDR de Hamburgo y violinista de la Filarmo?nica de Ca?mara de Viena y West Eastern Divan Orchestra de Daniel Barenboim, actuando en los principales festivales de mu?sica del mundo como el Festival de Salzburgo, Festival de Lucerna, Waldbu?hne de Berlín y los BBC Proms de Londres.

En temporadas recientes colaboró con grandes orquestas como la Sinfónica de Longueuil (Canadá), Filarmónica de la Ciudad de México, Sinfónica del Estado de Siberia, Sinfónica de Murcia (España), Sinfónica Simón Bolívar y con artistas como Carlo Ventre, Shlomo Mintz, Antonio Meneses, Tomatito y Stefan Dohr, entre otros. Recientemente fue nombrado director Invitado en la Residencia 2020 de la Orquesta de las Américas, con sede en Washington DC (Estados Unidos).

 

Notas al programa

Diciembre, mes de festejos y buenos deseos. Para aderezar la celebración navideña, nada mejor que el arte sonoro de contornos optimistas; aquellas partituras cuya creación posiblemente no apunte hacia las conmemoraciones propias de fin de año pero que contienen excelente dosis de buen humor y contornos de contentamiento. Precisamente con estas composiciones se ha estructurado el programa que en esta jornada ofrece para usted y su familia nuestra Orquesta Filarmónica de Boca del Río.

 

Piotr Ilich Tchaikovsky

Marcha eslava

Pieza de espíritu nacionalista, fue escrita en 1876 para un concierto que recaudaría fondos a beneficio de los soldados rusos heridos durante la guerra serbio-turca. Se estrenó el 17 de noviembre de 1876, en Moscú. Sus contornos son programáticos (con intención descriptiva y narrativa) y hacia el inicio nos describe la opresión del pueblo serbio a manos de los turcos. Un crescendo conduce hacia el encendido discurso sonoro que no tardará en derivar en un pasaje tranquilo, indicativo de la alianza rusa en auxilio del pueblo oprimido. Aquí, el autor recurre al tratamiento sinfónico de una danza rústica que dará paso al enfático himno “Dios salve al zar”. La tercera sección repite el furioso clímax que reitera el grito de ayuda serbio. Hacia el final, la opulenta orquestación del himno zarista profetiza el triunfo eslavo y la obra cierra con tan enérgica como prolongada coda orquestal.

 

Juventino Rosas

Vals “Sobre las olas”

Juventino Rosas, entrañable personalidad en el contexto de la música nacional, falleció a la temprana edad de 26 años. Luego de trasladarse la familia desde Guanajuato a la Ciudad de México, en 1875, cuando el pequeño Juventino tenía 7 años de edad, los historiadores suponen que el famoso vals fue escrito diez años más tarde, cuando contaba con apenas 17 años y vivía en las inmediaciones de lo que hoy es la alcaldía Gustavo A. Madero, en una población llamada Cuautepec. Prendado de una chica que lavaba ropa en un arroyo cercano, se dice que el rumor de las aguas y la visión de su amada le inspiraron para dar forma a su creación. El vals “Sobre las olas” pronto encontró amplia difusión prácticamente todo ámbito (incluso como música festiva y de feria) y en la mayoría de los casos se hace escuchar sin el debido crédito a su autor. Rosas falleció en La Habana, Cuba, el 9 de julio de 1894. Sus restos fueron repatriados hasta 1909 y, en diciembre de 1939, trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres.

 

Piotr Ilich Tchaikovsky

“El Cascanueces”, suite

De la música que este autor ruso escribió para ballet, “El Cascanueces” es seguramente la más conocida y popular. Ideada para subrayar la escenificación de un cuento infantil (con hadas, princesas, muñecos mágicos y soldaditos de plomo), la historia es sencilla. En una Nochebuena, dos niños observan cómo sus juguetes cobran vida y un ejército de ratones persigue a un cascanueces que, después de batallar con los roedores, se convierte en un atractivo caballero que conduce a los hermanitos hacia el palacio del Hada del Terrón de Azúcar. Allí los son atendidos espléndidamente y observan un ballet de ensueño, con danzas rusas, árabes y chinas que culminan con el famoso “Vals de las flores”, uno de los fragmentos más aplaudidos en el listado creativo del autor. De la música para el ballet se tomaron varios fragmentos para integrar dos suites, la primera de las cuales será interpretada en la presente jornada.

 

Gerardo Matos Rodríguez

“La Cumparsita”

Considerada unánimemente como “el himno del tango”, esta creación la debemos al talento de un compositor y pianista nacido en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1897. “La Cumparsita” se denominó así por su dedicatoria a una agrupación estudiantil que, para hacerse de fondos monetarios, actuaba como comparsa callejera y en cafés. Fue presentada formalmente como tango por la orquesta típica de Roberto Firpo. Hoy conocemos por lo menos dos arreglos para “La Cumparsita” que incluyen letra, como la versión de los argentinos Pascual Contursi y Enrique Maroni (“Si supieras que aún dentro del alma…”), llevada a la discografía por Carlos Gardel. La otra es del del propio compositor (“La comparsa de miserias sin fin desfila, en torno de aquel pobre ser enfermo…”), que nunca ha sido del todo popular.

El arreglo que hoy apreciaremos es del talentoso Jorge Arturo Castillo, joven ejecutante de violín y arreglista originario de Xalapa que cuenta con notable trayectoria como director de orquesta. Ha sido titular de la Orquesta Universitaria de Música Popular y de la Banda Sinfónica del Gobierno del Estado, además de presentarse como maestro invitado ante orquestas como la Filarmónica de Querétaro, la Filarmónica de Boca del Río y muchas otras más.

 

Johann Strauss, hijo

Vals “El Danubio azul”

Es el vals más célebre de este autor vienés, escrito en el año de 1867 originalmente para coro y orquesta. Existen datos que nos indican que su letra, simplona y banal, ensalzaba ideales políticos, por lo que los integrantes del coro manifestaron su inconformidad e intentaron suspender el estreno, que finalmente se realizó en febrero del mismo 1867 con la orquesta de los hermanos Josef y Eduard Strauss. Nada extraordinario ocurrió aquella noche, pero cuando el propio Johann lo dirigió sin coro en la Exposición Mundial de París, el éxito fue enorme y su popularidad rápidamente se extendió por toda Europa.

No deja de llamar la atención el hecho de que las aguas del río Danubio sean grisáceas y no precisamente azules. Pero este detalle no opaca la frescura y espontaneidad que transpira la pieza, empleada incluso como elemento sonoro de contornos futuristas para la realización del cineasta Stanley Kubrick “2001, A Space Odyssey”.

 

Piotr Ilich Tchaikovsky

Vals de “La Bella Durmiente”

“La Bella Durmiente” es el segundo de los tres ballets para los que Tchaikovsky escribió música. El primero fue “El Lago de los Cisnes” y el último fue “El Cascanueces”. Estrenado en enero de 1890, en San Petersburgo, todo indica que Tchaikovsky no esperaba una buena recepción por parte del público, ya que “El lago de los cisnes” había registrado un rechazo unánime la noche de su estreno en Moscú, en marzo de 1877. En la actualidad, “La Bella Durmiente” se considera uno de los ballets más célebres en el repertorio del siglo XIX y su Vals del acto tercero es un pasaje de espléndida originalidad, que contribuyó notoriamente a elevar la música para ballet de este creador a niveles muy por encima de lo que otros autores habían logrado.

 

Zequinha de Abreu

Tico-Tico

Compositor brasileño fallecido en 1935, Zequinha de Abreu fue autor de esta pieza, una de las más grabadas y difundidas en el acervo popular de Brasil. Sabemos que Abreu fue un niño músico de gran precocidad y sus primeras composiciones datan de 1896. Diecisiete años después de su fallecimiento, una compañía llamada Vera Cruz produjo una filmación basada en su vida y que lleva el título de “Tico-Tico Fubá”. La denominación para esta pieza procede de su primera presentación, en el año de 1917, cuando un asombrado público percibió que los bailarines parecían moverse como un tico-tico. ¿Y qué se entiende por tico-tico? Un ave que en otras regiones se conoce como “chingolo” y “copetón”, integrante de una familia de pájaros a los que se nombra “gorriones americanos”.

 

Johann Strauss, hijo

Polka “Truenos y relámpagos”

Nacido en Viena en 1825 y muerto en 1899, Johann Strauss hijo es identificado como “el compositor de valses por excelencia”. Autor de por lo menos 170 valses, también abordó otras piezas ligeras como mazurkas, galops, marchas y polkas. La transparencia en sus temas, así como una orquestación brillante y agradable, le concedieron la admiración no solo de los nobles europeos; también de músicos tan académicos como Johannes Brahms, quien en varias ocasiones manifestó abiertamente su gusto por las piezas de este autor. La polka que se interpreta esta noche fue denominada originalmente “Unter Donner und Blitz” (Bajo rayos y truenos) y se sabe que fue escrita en el año 1868, específicamente para un baile de la Sociedad de Artistas “Hesperus” de Viena. Su espíritu juguetón y pleno en buen humor, le hizo acreedora inmediatamente de las simpatías procedentes de público y crítica.

 

Maurice Ravel

“Bolero”

Esta célebre pieza, surgida por encargo de la coreógrafa ucraniana Ida Rubinstein, es poseedora de una celebridad actual que pocas obras igualan. Valiéndose de la repetición de una misma frase rítmica y de una melodía de obsesionante sencillez, Ravel logro un crescendo apoteósico, que se desarrolla gracias al magistral uso de los recursos orquestales. Ante tan sorprendentes conceptos, no resulta extraño que todos –incluso el autor mismo– esperasen un rotundo fracaso la noche del estreno. Como ballet, se presentó por vez primera en noviembre de 1928, en el Teatro de la Ópera de París, y esto significó su primer gran acierto. El propio Ravel la hizo escuchar como pieza de concierto algunos meses más tarde, con una aceptación totalmente absoluta e inesperada. Existen testimonios en el sentido de que el compositor deseaba que esta incesante repetición fuese “insoportable” para el público, de modo que cuando la dirigió en la Sociedad de Conciertos Lamoureaux de París, una mujer le gritó “¡loco!”, lo que generó un comentario de genial mordacidad por parte del músico: “Esta noble dama sí que comprendió perfectamente mi Bolero...”

 

Jorge Vázquez Pacheco.