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ORQUESTA FILARMÓNICA DE BOCA DEL RÍO

JORGE MESTER

Director artístico

 

Primera Temporada 2022

Viernes 24 de junio, 20:00 horas

Foro Boca

 

PROGRAMA

 

 

MÍKHAIL I. GLINKA                                Obertura para “Ruslán y Ludmila”

 

(6 minutos)

 

 

ANTONÍN DVORÁK                                  Concierto para violín y orquesta, Op. 53

-Allegro ma non troppo

-Adagio ma non troppo

-Allegro giocoso, ma non troppo

(32 minutos)

Solista:

AUBREE OLIVERSON

 

I N T E R M E D I O

 

PIOTR ILICH TCHAIKOVSKY              Sinfonía No. 4 en Fa menor, Op. 36

                                                                       -Andante sostenuto - Moderato con anima

-Andantino in modo di canzona

-Scherzo. Pizzicato ostinato

-Finale. Allegro con fuoco

(42 minutos)

 

JORGE MESTER

Director artístico

 

 

 

JORGE MESTER

Director Artístico de la Orquesta Filarmónica de Boca del Río

El maestro mexicano Jorge Mester es reconocido internacionalmente como un director de primer nivel, respetado por la excelencia y prominencia que aporta a toda organización que dirige.

En julio de 2006, fue invitado a regresar como Director Musical de la Orquesta de Louisville, cargo que ocupó con anterioridad durante doce años (1967-1979). Ha sido Director Musical de la Sinfónica de Pasadena durante veinticinco años (1985-2010) y Director Musical de la Filarmónica de Naples (2004-2012).

Mester es también Director Laureado del prestigioso Festival de Música de Aspen, que encabezó como Director Musical durante veintiún años a partir de 1970-1991. Como académico, se desempeñó como director del Departamento de Dirección de la Juilliard School, en Nueva York, durante la década de 1980.

Fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica de West Australia, en Perth, y Director Principal invitado tanto de la Adelaide Symphony como de la St. Paul Chamber Orchestra. Fue Director Artístico de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México entre 1998 y 2002. Anteriormente, como Director Musical impuso su sello único en el Festival Casals de Puerto Rico.

Como director invitado se ha presentado al frente de la Boston Symphony Orchestra, Philadelphia Orchestra, Royal Philharmonic Orchestra de Londres, New York City Opera, Orquesta Sinfónica de Ciudad del Cabo, Orquesta de Cámara de Lausana (Suiza), Ópera de Sídney, Festival de Spoleto y la Washington Opera, por mencionar solo algunas.

En 1985 recibió el prestigioso Premio Ditson de dirección orquestal, que otorga la Universidad de Columbia por el impulso a la música americana. Otros ganadores de los premios Ditson incluyen a Leonard Bernstein, Eugene Ormandy y Leopold Stokowski.

Ha sido profesor de varias generaciones de directores, incluyendo a James Conlon, Dennis Russell Davies, Andreas Delfs, JoAnn Falletta y John Nelson. Además, ha impulsado desde el inicio de sus carreras a artistas que hoy cuentan con un sólido prestigio internacional como Midori, Renée Fleming, Nadja Salerno-Sonnenberg, Cho-Liang Lin y Robert McDuffie.

Como reconocimiento a su elogiable labor y notable trayectoria, se ha asignado su nombre a la Sala Principal del Foro Boca.

 

AUBREE OLIVERSON

Violinista

Elogiada por su lirismo evocador y enfoque tan alegre como genuino, la violinista de 23 años Aubree Oliverson ha demostrado que una de las artistas jóvenes más convincentes de Estados Unidos, distinguiéndose con interpretaciones claras, honestas y coloridas. Sus actuaciones han sido descritas altamente elogiadas por la prensa norteamericana (“poderosas, rebosantes de confianza y alegría” y “magistrales”)

Aubree ganó el Premio Especial al Mérito 2021 para violín en la prestigiosa Academia del Festival de Verbier, en Suiza, así como el Premio de la Fundación Nacional YoungArts, y honrada como Académico Presidencial en las Artes de los Estados Unidos. Realizó su debut como solista con la Utah Symphony a los 11 años, su debut en recital se dio en el Carnegie Hall Weill Hall cuando contaba con apenas 12 años –como ganadora del Concurso Internacional de Cuerdas American Protégé– y ha aparecido varias veces en el exitoso programa de radio From The Top de NPR.

Sus próximos compromisos artísticos actuaciones como solista con la Pasadena Symphony y Nic McGegan, la San Diego Symphony con Edo de Waart, las Sinfónicas de Columbus y Des Moines con Carl St. Clair, la Sinfónica de Puerto Rico con Maximiano Valdés, la Orquesta Redlands Bowl, Roma Tre de Italia, la Filarmónica de Boca del Río en México y Filarmónica de Brno en la República Checa. Interpretará obras de Bach, Mendelssohn, Korngold, Bruch, Haydn, Saint-Saëns, Dvorák y Barber. Su agenda también incluye un proyecto de grabación de video producido para VideoClassica y ArsClassica Association interpretando música para violín solo de Bach, Ysaye, Paganini y Prokofiev.

Los compromisos cumplidos recientemente por Aubree incluyeron la apertura de la temporada 2021/22 de la Louisiana Philharmonic interpretando el Concierto de Beethoven bajo la dirección de Carlos Miguel Prieto, así como música de cámara con partituras de Stravinsky y Marsalis; debuts con la Pacific Symphony, San Diego Symphony, Sinfónica Nacional de Costa Rica, Cappella Istropolitana de Viena, Sinfónica de Puerto Rico, Kontrapunktus Baroque Ensemble y el Festival de Música de Cámara de Roma; solista en una breve gira con la Utah Symphony y seis interpretaciones del Concierto de Beethoven con Carlos Miguel Prieto y Paolo Bortolameolli al frente de la Orquesta de las Américas en su gira por México. También ha tocado previamente como solista con la American Youth Symphony, la Aspen Philharmonic, Colburn Orchestra, Colburn Baroque Ensemble, Millennial Choir and Orchestra, Salt Lake Pops Orchestra, Pasadena Orchestra, Utah Chamber Artists y con la orquesta del Festival de Innsbrook, entre otras agrupaciones.

Dinámico y sensible como músico de cámara, Aubree ha colaborado con artistas como Stefan Jackiw y Robert McDuffie en el Festival de Aspen, con Gil Shaham en gira por México y con Lynn Harrell, Jean-Yves Thibaudet, Orli Shaham, Robert Chen, Andrew Marriner y Clive Greensmith, como parte de la Sociedad de Música de Cámara de Colburn en Los Ángeles. Fue invitada al Festival de Música de Cámara de Roma en 2020 y 2021, interpretando obras de Bach, Vivaldi, Haendel y Beethoven, y participó en el Estudio de Cámara David Finckel/Wu Han en el Festival y Escuela de Música de Aspen (2015 y 2016).

Apasionada por llegar a un público más amplio y la importancia de la educación musical, Aubree ha viajado a más de cien escuelas en todo el oeste de los Estados Unidos, alentando a miles de niños a participar en la música. También ofrece conferencias en convenciones educativas nacionales. Recientemente presentó clases magistrales digitales para organizaciones que incluyen la Orquesta de las Américas, Música para Salvar a la Humanidad y Kontrapunktus Baroque, y participó en una clase magistral y una presentación junto a la Orquesta Juvenil Esperanza Azteca en México. En 2018, dio una clase magistral y una actuación en China, y trabajó individualmente con más de treinta jóvenes violinistas.

Graduada de la Academia de Música Colburn en Los Ángeles en 2016, fue discípula de Debbie Moench, Eugene Watanabe, Danielle Belen y Boris Kuschnir en Musik und Kunst Privatuniversität der Stadt Wien. Actualmente estudia con Robert Lipsett en el Conservatorio de Música Colburn de Los Ángeles.

Aubree Oliverson interpreta en un violín Sanctus Seraphin de 1743, cedido en préstamo por el Doctor James Stewart.

 

Notas al programa

 

MÍKHAIL IVANOVICH GLINKA (1804-1857)

Obertura para “Ruslán y Ludmila

Considerado el iniciador de la escuela nacionalista rusa, Glinka realizó una fragmentada carrera artística frecuentemente interrumpida por su precaria salud y sus viajes hacia Europa central, lo que además le sirvió para ponerse en contacto con la música de Vincenzo Bellini y Gaetano Donizetti. Hijo de un acaudalado terrateniente, era un niño de apenas 10 años de edad cuando la orquesta al servicio de la familia despertó su interés por la música. Fue entonces que su padre decidió costearle estudios de idiomas, piano, violín y teoría musical. Uno de sus viajes le condujo a Berlín, en donde Siegfried Dehn se sorprendió por su habilidad creativa y le impulsó a escribir incluyendo temas típicamente rusos.

De vuelta en su patria, decidió poner música a un episodio histórico de las luchas ruso-polacas, con lo que surgió su primera ópera, “La vida por el zar” (1836), que no obstante mostrar la influencia del estilo italiano, también puso en relieve las posibilidades de las formas características rusas en los coros y un contraste de notoria simplicidad ante los convencionalismos propios de las óperas que frecuentemente se representaban en escenarios rusos. Glinka solía decir que en su música se imprimió el compromiso con sus compatriotas. “Prefiero las canciones de mi pueblo que pavonearme con un plumaje prestado”, citó en alguna ocasión.

Amigo de literatos como Nikolai Gogol y Aleksandr Pushkin, Glinka se entusiasmó con la epopeya romántica “Ruslán y Ludmila”, que desde 1820 había otorgado fama y popularidad a Pushkin. El compositor decidió entonces trabajar sobre esta obra en verso y en 1842 se estrenó su ópera con el mismo nombre, en la que presentaba intensos giros nacionalistas en el colorido orquestal, con melodías inspiradas en el canto popular autóctono y, desde luego, temas populares. Por añadidura, también se hacen presentes los pasajes de sabor claramente oriental que serían la característica de la música rusa posterior a Glinka.

“Ruslán y Ludmila” no tuvo el éxito arrollador de su antecesora “La vida por el zar”, pero la obertura ha sido desde su estreno una pieza favorecida por músicos y públicos de todas latitudes. Breve, compacta y ligera, el brío con que inicia y concluye se ve compensado con una sección central, que apenas permite un breve respiro antes de la enérgica coda final.

 

ANTONÍN DVORÁK (1841-1904)

Concierto para violín y orquesta

Esta interesante partitura guarda, en diversos sentidos, un enorme parecido con el Concierto para violín de Tchaikovsky. Ambas son el único Concierto escrito por sus autores y sufrieron el menosprecio de los maestros a quienes fue dedicado. El paso del tiempo, así como el denuedo de otros violinistas, lograron consolidarles en el aprecio del público y establecerles como obras magistrales, plenas en atractivos y acordes con el talento de sus creadores.

En mayo de 1878 Dvorák se conoció con Joseph Joachim –célebre violinista, compositor, catedrático y director– que pronto se ganó el aprecio del compositor bohemiano. Toda una personalidad en su época, a Joachim habían sido dedicados los Conciertos de Max Bruch (Sol menor) y de Johannes Brahms, trabajos que el mismo Joachim ejecutó en primera audición. Dvorák, a sugerencia del editor Simrock, decidió también dedicar su Concierto a este profesor, quien no dudaba en sugerir y hasta exigir modificaciones a la estructura y orquestación en las obras que le eran presentadas.

En 1879, Dvorák mostró su partitura a Joachim con la intención de que la estrenara, pero el violinista encontró tantas “excentricidades” en la misma que pidió al compositor una severa revisión apoyada en sus indicaciones. Aquel se negó, lo que ocasionó entre ambos una serie de diferencias insalvables, Joachim devolvió la partitura dos años después, en 1881; manifestó que no la tocaría y Dvorák hubo de buscar otro ejecutante para presentar su trabajo en Praga, el 14 de octubre de 1883. El elegido resultó ser Frantisek Ondrícek, maestro de origen checo que no contaba con la celebridad de Joachim pero que se mostró entusiasmado con llevar la obra también a las ciudades de Viena y Londres. Pese a todo, la partitura fue revisada por Dvorák teniendo en cuenta algunas sugerencias de Joachim, aunque conservó mucho del concepto original. Para su estreno en Praga, el Concierto fue sometido a una nueva revisión.

¿Qué ocasionó el enojo de Joachim? El violinista indicó que la orquestación era “demasiado densa” y la introducción le pareció exageradamente dramática, así como la transición del primer movimiento al segundo, entre otros detalles. Después de aquella primera audición, el Concierto ganó popularidad rápidamente y desde entonces encontró su merecido sitial en el repertorio.

Antonín Dvorák había nacido en Nelahozeves, una pequeña población cercana a Praga, y era hijo de un humilde posadero y carnicero rural que deseaba la mejor educación para sus hijos. Hacia la mitad del siglo XIX, Bohemia formaba parte del imperio austrohúngaro y la influencia procedente de Europa Central se dejaba sentir desde el momento en que a los ciudadanos bohemianos les era conveniente el aprendizaje de la lengua alemana, de la misma forma como el inglés resulta útil en la época actual.

Fue por ello que el padre de Dvorák decidió enviar al joven a la vecina ciudad de Zlonice para aprender alemán, con lo que motivó el encuentro de su hijo con un profesor de apellido Liehmann, quien resultaría en el primer impulso que le condujo a dedicarse a la música. El mismo Liehmann convenció al padre para permitir que el joven viajara a Praga, donde se matriculó en la Escuela de Órgano de la ciudad, en 1857. Con ello dio inicio el desarrollo de una carrera que le convirtió en uno de los autores más representativos del nacionalismo musical del siglo XIX. Dvorák se distinguió desde sus inicios como un creador de sorprendente espontaneidad, además de sus dotes para el cultivo de la melodía, lo que motivó la sincera admiración de artistas tan exigentes como el alemán Johannes Brahms, mientras que el temido crítico vienés Eduard Hanslick redactó que la música de Dvorák le parecía “tan radiante como el sol”.

 

PIOTR ILICH TCHAIKOVSKY (1840-1893)

Sinfonía número 4

Esta obra fue escrita inmediatamente después de uno de los períodos más atormentados en la vida de este compositor ruso. Hacia 1876 los rumores en torno de su tendencia homosexual cobraban fuerza a cada día, de modo sus allegados (entre ellos, su hermano Modest) urgieron al músico para contraer matrimonio. Pero el compositor huyó despavorido de la recámara matrimonial la misma noche de bodas y luego de nueve torturantes semanas, como era de esperarse, la unión con Antonina Miliukova estaba arruinada definitivamente. Casi al mismo tiempo de la separación, apareció en la vida de Tchaikovsky la señora Nadiezhda von Meck, viuda de un constructor de líneas de ferrocarril de origen alemán y heredera de una cuantiosa fortuna.

Admiradora de la obra de Tchaikovsky, la viuda estableció comunicación con el músico y le asignó una jugosa pensión mensual, suficiente para despreocuparlo de problemas monetarios y dedicar la totalidad de su tiempo a escribir. Dio inicio así una de las relaciones más extrañas y fructíferas en el arte musical. Durante casi catorce años de mecenazgo, nunca se conocieron personalmente y toda comunicación entre ambos fue mediante misivas. Se sabe que en una reunión los dos estuvieron presentes, pero al enterarse de la presencia del otro, cada uno salió por rumbos distintos.

La escritura de la Sinfonía 4 dio inicio en marzo de 1877 y fue terminada algunas semanas después. La obra llevó dedicatoria desde el inicio para la viuda y en una misiva escribió un “programa”; una descripción extensa y un tanto cursi, que el compositor escribió seguramente a sugerencia de su protectora. Por lo mismo, los especialistas sugieren no creer a pie juntillas lo que se lee en aquel documento. Pero el proceso y la conformación de la Sinfonía apuntan claramente a que Tchaikovsky tenía en mente un tema central, el del Destino. Por lo mismo, nada tiene de extraordinario que se le emparente con la Quinta de Beethoven. Pero mientras el Genio de Bonn aborda un tema elemental de sólo cuatro golpes orquestales, y con el mismo desarrolla una obra de proporciones inmensas, en Tchaikovsky el tema del Destino aparece como un motivo indomable, brutal y arrasador, que irrumpe como si quisiera detener el avance de la orquesta.

Más adelante encontramos otro notorio contraste. Beethoven arma su movimiento final en tono triunfal y apoteósico, pero en la sinfonía del maestro ruso encontramos un espíritu profundamente fatalista y amargo. Tchaikovsky parece doblegarse ante el Destino y se niega a sí mismo un final jubiloso. Después de la Cuarta habrían de venir dos sinfonías más, que cierran el ciclo sinfónico de Tchaikovsky y opacan, con su celebridad, las virtudes de las tres primeras. La Sexta, denominada “Patética”, fue escrita inmediatamente después de la ruptura con la viuda quien, sin explicación alguna, cortó el subsidio. Este fue un duro golpe emocional del que el músico no logró reponerse y que –se asegura– le condujo al suicidio.

¿Por qué se retiró Nadiezhda von Meck del arreglo con Tchaikovsky? A estas alturas solo podemos imaginar lo ocurrido, y una de las hipótesis es que la viuda descubrió las tendencias homosexuales de su protegido. Como sea, a esta relación debemos mucho de lo mejor en la producción de nuestro músico.

La Cuarta sinfonía de Tchaikovsky fue estrenada en 1878 en Moscú, con la orquesta dirigida por Nikolai Rubinstein.

 

Jorge Vázquez Pacheco.